Este es el título de un artículo que me ha encantado y con el que estoy completamente de acuerdo.
Ahora sólo se hablará del clásico en los cuartos de final de Copa del Rey, y sin embargo quien se merecería la atención es el Club Deportivo Mirandés, un equipo de fútbol de segunda B que ha logrado llegar a los cuartos de final y que como dice el artículo, “Bien está, pues, que gestas como la del Mirandés hagan girar los focos hacia la realidad y nos devuelvan al principio de todo, a un equipo de fútbol sin más, sin marketing ni Balones de Oro, pero capaz de catalizar lo que este deporte representa: juego, autoestima, solidaridad y sentimiento de pertenencia, amor a una tierra. No es necesario pronunciar la palabra dinero”.
Sería hora de que alguien, no sé quien, pero que alguien reflexionara y convirtiera al llamado “deporte nacional” en un verdadero deporte y no en el circo y la farsa en la que se ha convertido. Sería hora de que alguien pensara en convertir el evento más visto y seguido por la gente en un ejemplo de principios y valores para la sociedad, y no dejar que siga siendo un mal ejemplo en muchos sentidos.
Me gustaría algún día hacerle una pregunta a alguien, repito que no sé a quien, pero a alguien de los que ocupan los puestos más importantes en los despachos: ¿cómo es posible que los clubes de fútbol sean sociedades que llevan años endeudadas y que se les permita seguir no sólo existiendo sino gastando dinero? Yo ya sé la respuesta, pero sería sólo para oír la mentira con la que saldría, y luego poder decirle lo que pienso del llamado “deporte nacional”, que para mí se ha convertido más bien en el segundo mangoneo nacional después de la política.


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