José Luis Molino, Doctor en Enfermería y colaborador en el blog de Eduard Punset, ha escrito este artículo tan tocante acerca de la necesidad de la humanización del cuidado desde la gestión de las emociones haciéndose dos preguntas fundamentales: ¿qué está pasando con nuestros mayores y nuestros enfermos crónicos?, y ¿por qué nuestra sociedad parece tan deshumanizada, a pesar de que tiene un mayor nivel de conocimientos, unas necesidades básicas en general cubiertas y unas leyes que defienden los derechos humanos?
He dicho al principio que es muy tocante el artículo porque cuando uno reflexiona sobre este tema se da cuenta enseguida que a todos nos va a tocar ese momento, y que cuando llegue puede ser que nos encontraremos solos, sin afecto y sin cariño. ¿Y por qué? Pues porque desde hace tiempo hemos creado una sociedad basada en lo material y no en lo espiritual en la cual las emociones han sido canceladas y han dado paso a la productividad, a la rentabilidad y a la obsesión por tener más para gastar más. Esto ha llevado consigo un olvido de la esencia del ser humano y del verdadero propósito de la vida: sentir, compartir, ayudar y dar.
El resultado del tipo de sociedad que hemos creado se traduce en familias sin vínculos en las cuales los padres pasan más tiempo trabajando para satisfacer ciertas necesidades autoimpuestas (que no necesarias) y menos tiempo viviendo experiencias y creando lazos y vínculos con sus hijos. El resultado son hijos que crecen sin conocer y sentir la verdadera esencia de una familia, carentes de la afectividad y del cariño necesarios, sin haber establecido vínculos fuertes y sin unos principios sólidos que les guíen en sus vidas. Con lo cual, ¿qué es lo que pueden esperar los padres cuando sean mayores, de esos hijos criados en entornos con tanta carencia emocional y afectiva? A no ser que esos hijos hayan hecho un gran trabajo introspectivo y hayan reescrito los guiones de sus vidas (cosas no muy frecuentes en la actual sociedad), se encontrarán con lo mismo que ellos les han dado e inculcado de pequeños: indiferencia.
Creo firmemente que recordar y vivir cada día con el pensamiento de que somos y seremos siempre lo que demos a los demás, y que lo que no demos nos lo estaremos quitando a nosotros mismos, ayudaría enormemente a crear una sociedad digna y por consiguiente a morir dignamente como dice en su artículo José Luis Molino.


Isma en el tema de los hijos ¡¡¡chapeau!!!
Y con respecto al tema de los abuelos, antes los abuelos vivian con sus hijos y ahora simplemente se les deja en los asilos a su suerte y mueren de soledad
Publicado por: El Blog de JordanyPippen | 17 enero 2012 en 16:01