Una concepto, un pensamiento, una forma de vivir que no ha estado muy de moda en las últimas décadas, en las cuales ha imperado el “Compro, tengo, luego existo”. Esta frase es sin embargo el título de un libro que habla de una nueva tendencia llamada "consumo colaborativo". Sus autores, Rachel Botsman y Roo Rogers explican en él que el principio fundamental de esta nueva tendencia es “que los individuos cooperarán en aras del bien común”.
También explica Rogers el como "El consumo 'colaborativo' es el auténtico consumo sostenible, el que cierra el círculo de las cinco 'erres': reducir, reciclar, reusar, reparar y redistribuir".
Un ejemplo más de que lo único cierto en la vida es el cambio y de que si el ser humano ha sobrevivido tanto tiempo sobre la Tierra es porque tiene una asombrosa capacidad de adaptación a los continuos cambios.
Y también un gran ejemplo de que cuando las cosas están muy mal y se llega a circunstancias límites, el ser humano saca lo mejor de sí mismo y le da la vuelta a la situación. En este caso creo que una buena parte de la población ya ha asumido que una manera de vivir y de pensar ha literalmente colapsado, y que hay que redimensionarse en todos los sentidos y replantearse una nueva forma de pensar y de vivir. Palabras como cooperar, compartir, ayudar, y valores como la generosidad y la solidaridad están ya en el lenguaje de la calle y serán la base sobre la que se construirá el futuro de la sociedad.
Para que esta revolución cuaje y se consolide, será clave desde mi punto de vista el hecho de que la gente dedique más atención y más energía a cultivar la llamada inteligencia espiritual, siguiendo así el desarrollo de la inteligencia emocional durante la última década del siglo XX.
Digo ésto porque ha habido un desfase enorme entre el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y el crecimiento de la inteligencia espiritual, lo cual ha llevado a un retroceso en el crecimiento de la convivencia social y del desarrollo armónico de la vida emocional. El desequilibrio y la tensión de las personas son el resultado de todo este desfase.
La inteligencia espiritual (como dato antropológico y no como cuestión de fe religiosa), complementa la inteligencia emocional y la lógico-racional, nos faculta para trascender el sufrimiento y el dolor, nos permite crear valores, y nos sirve como herramineta para encontrar el significado y el sentido de nuestros actos.
La inteligencia espiritual nos da poder para formularnos cuestiones fundamentales de la existencia que emergen de lo más hondo de la consciencia. Nos permite identificar el sentido de nuestra vida y dar un significado a nuestra existencia, en definitiva nos permite hallar la razón por la que merezca la pena vivir.
Por éso estoy convencido de que el cambio en el mundo tiene que venir desde dentro de nosotros y a través del desarrollo de la inteligencia espiritual, porque es nuestra inteligencia diferencial.


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